Veamos más de cerca cómo funciona este mecanismo. El nervio vago que conecta el intestino y el cerebro transmite un volumen masivo de información desde los intestinos al cerebro cada segundo. Lo sorprendente es que aproximadamente el 80% de esta comunicación fluye en dirección del intestino al cerebro. En otras palabras — el intestino envía muchos más mensajes al cerebro de los que el cerebro envía al intestino. Tu intuición es el resultado de que el instinto recopile información y la entregue hacia arriba.
Cuando las bacterias intestinales descomponen la fibra dietética, producen sustancias llamadas ácidos grasos de cadena corta. Estas moléculas estimulan el nervio vago, que a su vez activa el circuito de recompensa del cerebro impulsado por la dopamina. Una vez que ese circuito se activa, se genera una sensación de anticipación. La emoción que se siente ante una nueva experiencia es una reacción fisiológica generada por esta vía. La curiosidad, en este sentido, tiene más que ver con cómo está conectado tu cuerpo que con la personalidad.
Puedes adentrarte en territorio desconocido no porque seas inmune al miedo. Su cerebro tiene una región llamada amígdala que registra la amenaza, pero en su caso, la "señal de anticipación" enviada desde el intestino anula la alarma de la amígdala. Así que avanzas incluso cuando sientes algo de miedo. Este impulso de explorar no es producto de la fuerza de voluntad: surge de la coordinación intestino-cerebro. Debido a que está arraigado en la arquitectura de su cuerpo, tiende a mantenerse bien incluso a medida que envejece.