Echemos un vistazo más de cerca a la maquinaria detrás de esta constitución de "ahorro de energía". Su cuerpo porta una variante específica del gen FTO que está relacionada con la eficiencia metabólica. Debido a la actividad de este gen — el cuerpo extrae más energía de la misma comida que la mayoría de las personas. Piense en ello como conducir un automóvil que consume muy poco combustible: puede recorrer una larga distancia con un tanque pequeño.
Desde un punto de vista evolutivo — este rasgo fue una extraordinaria estrategia de supervivencia. En una época en la que el suministro de alimentos no era fiable — la capacidad de mantener la actividad con una ingesta mínima era literalmente "el poder de ser el último en pie". En nuestro entorno moderno de abundancia de alimentos, la clave es reorientar hacia dónde se aplica esta eficiencia. Su instinto para calcular el "retorno de la inversión" se extiende más allá de los alimentos: también influye en el tiempo, el dinero y las relaciones. Esta es una tendencia cognitiva alimentada por su metabolismo ahorrador de energía.
También hay un mecanismo científico detrás de su "cautela". En psicología, se llama "aversión a la pérdida": el principio de que los humanos reaccionan con más fuerza ante la pérdida de algo que ante la ganancia de la misma cantidad. En su caso, la aversión a las pérdidas es algo mayor que la media. Es por eso que sus evaluaciones de riesgos son precisas y sus preparativos para el peor de los casos son minuciosos. No es pesimismo; es un circuito de juicio racional refinado por la evolución.