Miremos más de cerca este mecanismo. La esencia del "carisma" radica en dos rasgos cerebrales que operan simultáneamente: la activación del sistema nervioso autónomo (la magnitud de la producción emocional) y la sensibilidad de los canales iónicos (mayor receptividad a la información). Sólo un pequeño porcentaje de la población porta ambos rasgos a la vez.
Un indicador llamado "variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC)" lo hace visible. La VFC se refiere a la fluctuación en los intervalos entre los latidos del corazón y refleja el estado del sistema nervioso autónomo. Su patrón de VFC indica una alta producción emocional, lo que desencadena la "sincronización" en los sistemas autónomos de quienes lo rodean a través de sus palabras y expresiones faciales. La psicología llama a este fenómeno "contagio emocional". Cuando hablas con pasión, el ritmo cardíaco y respiratorio de tus oyentes comienzan a sincronizarse con los tuyos.
Este poder, sin embargo, conlleva una "asimetría de influencia". Tus emociones se transmiten fuertemente a los demás, mientras que su influencia sobre ti es comparativamente pequeña. En otras palabras, puedes estar “sobrescribiendo” el tono emocional que te rodea sin darte cuenta. Tomar conciencia de esta asimetría es el primer paso para utilizar la llama como un hogar cálido en lugar de dejar que arda sin control.